¿Por fin una vacuna contra la sífilis?

Científicos de Estados Unidos dan el primer paso para descubrir una vacuna contra la sífilis!

Como es de esperar, no hay vacunas para todas las infecciones que afectan al ser humano. Obviedades a parte, crear una contra la sífilis hasta ahora ha sido imposible. La naturaleza de la bacteria, del tipo espiroqueta, la hace prácticamente diseñada para no poderse cultivar y estudiar en un laboratorio.

Por cierto, las espiroquetas se parecen a otras bacterias tanto como
nosotros a invertebrados. Como intuiréis, no hay mucha similaridad 
genética por la que guiarse.

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Imagen por: Spirochetes Unwound

Y es que, en general, las bacterias son unos bichos la mar de duros de pelar. En otras cepas les puedes hacer casi de todo y ni así te las cargas. Que digo, ni con medicamentos especialmente diseñados para cargártelas te las cargas a todas al 100%. Se dividen tan rápido que al menos un pequeño porcentaje va a desarrollar resistencias contra los antibióticos, aunque sea un minúsculo 0,01%. Y la colonia vuelve a crecer (de ahí que tengamos tantos problemas actualmente para encontrar fármacos nuevos).

Éste para nada es el caso del Treponema pallidum, diligente encargado de causar una de las enfermedades de transmisión sexual más extendidas en el mundo -la OMS estima unos 5 millones de casos nuevos cada año. En el laboratorio, según explican los investigadores, estudiar la sífilis es terriblemente complicado, puesto que es más sencillo hacer estallar la bacteria que encontrar hojas en un bosque. Ni se puede hacer crecer en cultivo ni en ratones. De hecho, los únicos modelos útiles son los conejos (que superan la infección con rapidez) y las personas (con las cuales sería un poco contraproducente experimentar). Lo peor de todo es que si la bacteria se rompe, resulta imposible saber cuales son las proteínas que se suelen encontrar en su parte externa. Éste es un paso clave para el desarrollo de vacunas.

Cuando nuestras células inmunitarias reconocen una enfermedad contra la que ya se han enfrentado, lo hacen reconociendo las proteínas que dicho patógeno presenta en su envoltura. Son precisamente estas proteínas las que se incluyen en una vacuna, las cuales “imitan” lo que sería un primer contacto con la enfermedad.

Cuando nos infectamos por primera vez (de cualquier bicho), nuestro cuerpo emite una respuesta defensiva mucho más lenta y menos específica, por la cual nosotros también sufrimos más puesto que los mecanismos de defensa más generalizados son un poco cafres y acarrean más inflamación entre otros síntomas. Con la vacuna, nos ahorramos esta primera infección y desarrollamos inmunidad específica contra la enfermedad. En casos como la sífilis, pero, una primera infección basta para matarte a largo plazo, de modo que estar preparado por si acaso te encuentras con ella quizá te sale a cuenta.

Ahora que ya sabemos el problema que presenta la sífilis y qué nos estamos perdiendo sin una vacuna, pasemos al como lo hicieron los investigadores para reconocer las proteínas que podrían ayudar a crearla.

Aparentemente, tras alinear los ADN de casos de sífilis a lo largo y ancho del mundo, encontraron que la bacteria difiere muy muy poco. Y la verdad es que tiene un genoma tan pequeño (cerca de 1000 genes), que los científicos pensaron: si tiene tan  quizá estos que son distintos son precisamente los que cambia para escapar del sistema inmune!

Como siempre, en ciencia hay que comprobar tu hipótesis antes de gritar ‘eureka’. Para hacerlo, simularon en ordenadores el proceso de síntesis de dichas proteínas y se dieron cuenta que la estructura que tenían éstas al montar todas las piezas (un barril bien chulo -mirad la imagen) era la que suelen tener muchas proteínas externas en bacterias.

The syphilis-causing bacteria T. pallidum sports this protein on its outer surface. The gold ribbons show the barrel-shaped portion. The green, red, blue, and purple sections stick out and can be recognized by the immune system. They, or similar portions of other surface proteins, are potential targets for a vaccine. (UConn Health Spirochete Lab Illustration)

Imagen por: UConn Today 

No obstante, aunque vieron que podían crear buenos anticuerpos contra estas proteínas, al hacer una vacuna tu no quieres que las dianas que usas vayan cambiando según la persona. Imaginad que para cada diana, necesitáramos un tipo de dardos muy concreto. Que gasto tan innecesario. Al contrario, queremos algo global, que te pueda ser útil contra todas las versiones de la proteína, ¿no?

En mi opinión, esto no es del todo cierto, puesto que con ciertos patógenos que mutan bastante (ved el virus del papiloma humano del cual hay cerca de sesenta versiones distintas), las vacunas contra éstos llevan un cóctel de proteínas para cubrir aquellas cepas más problemáticas. De todos modos, no soy el experto así que démosles el voto de confianza.

La cuestión es que, al final, encontraron las proteínas que deseaban, pero no explican como en la nota de prensa. Únicamente especifican que pretenden expandir el estudio en muchas más regiones del mundo, sobretodo en regiones asiáticas para completar la información que tienen de la bacteria a nivel global.

 

 

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